La Jornada Aguascalientes

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Rebeca Padilla de la Torre


Jóvenes y política

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 Ante las próximas elecciones, uno de los sectores claves son los jóvenes porque representan el relevo de la vida ciudadana y política. Los estudios sobre jóvenes y política se han planteado como la posibilidad de analizar lo que nos espera a futuro. De acuerdo al investigador Jesús Martín Barbero, representan un desafío porque “porque es en la desazón de los sentidos de la juventud donde se expresa hoy el estremecimiento de nuestro cambio de época”.  Lo que habrá que matizar es que los adultos somos responsables de las condiciones en las cuales estamos formando a los ciudadanos más jóvenes. Habrá que considerar qué aportan los recientes sucesos de ataque a las instituciones electorales y el desarrollo de las campañas políticas envueltas en descalificaciones a la perspectiva que tienen los jóvenes de la política. Por ello, una primera tarea es reconocer las problemáticas que éstos  viven para entender hacia dónde apuntan las tendencias en su relación con la política. 

Los datos más evidentes son los que señalan el creciente desinterés de los jóvenes hacia la política tradicional, en cuanto a su participación en partidos y elecciones e incluso su repliegue en actividades de militancia, en asuntos que en el pasado fueron preferentemente defendidos por ellos. Por otra parte, en el tema de los jóvenes y la política, se señalan las ambigüedades en su papel como ciudadanos. No sólo en México, sino en varios países existe la discusión sobre la edad para ejercer sus derechos y obligaciones. Esto cobra relevancia cuando infringen la ley y no hay claridad sobre cuál sería la manera más adecuada de sancionarlos, tomando en cuenta su situación precisamente como jóvenes. Este problema se vincula con la carencia de políticas públicas que defiendan los derechos humanos de los jóvenes, pero dentro de un marco de reconocimiento a la complejidad y diversidad que hay entre ellos mismos. Para varios, su edad, junto con la pobreza, se vuelve una fuente de estigma; con mayor énfasis cuando se trata de jóvenes que se integran en distintas subculturas que se manifiestan en bandas o estilos de vida que se basan en la delincuencia. 
Lamentablemente, las graves desigualdades e injusticias que se viven en nuestra sociedad son heredadas junto con prejuicios a los jóvenes. Entre ellos se reproducen e incluso se generan nuevas maneras de marcar diferencias y ejercer el poder.  Otra de las situaciones clave, que definen a los jóvenes actualmente, es su falta de confianza en varias de las instituciones tradicionales, entre ellas las políticas, debido a que encuentran una falta de respuesta a sus necesidades, principalmente de oportunidades. En este contexto, resulta muy claro que no podemos esperar una postura favorable de los jóvenes hacia la política.
En principio, el desencanto entre los jóvenes podría ser una motivación para emprender un cambio, sin embargo, no es fácil detectar los posibles nuevos sentidos que los jóvenes orientan hacia la política precisamente debido a la diversidad implícita en ellos mismos. La diversidad ciudadana es uno de los problemas más sensibles en la política contemporánea que no ha encontrado la manera de integrar y precisamente potenciar la riqueza que se deriva de la diferencia. Entre los jóvenes, como entre la propia ciudadanía, no es pertinente generalizar porque se dan casos muy variados, pero el reconocerlos es un buen principio. Precisamente la perspectiva de la ciudadanía cultural plantea la diferencia entre el estudio de la participación política formal y por otra parte el indagar en los fenómenos que surgen a partir de las prácticas cotidianas que tienen un importante potencial e implicaciones con los asuntos públicos y políticos. Las investigaciones recientes proponen que es necesario continuar monitoreando y describiendo las prácticas políticas de los jóvenes, de las cuales el acudir a votar sería la más evidente, más no la única. Actualmente no podemos afirmar contundentemente que a los jóvenes no les interesa la política, más bien habría que precisar que existen distintas situaciones en torno a los jóvenes y la política. En segundo lugar,  hay que reconocer que en muchas de las prácticas y consumos juveniles actuales, particularmente en el caso de las redes sociales en internet, se dan actividades que podrían tener una incidencia importante en la manera de hacer política a futuro, en términos más participativos por parte de los mismos jóvenes. Sin embargo, los estudios que se realizan sobre este tema en nuestro país e internacionalmente coinciden en señalar que el que los jóvenes cuenten con mayores competencias en el manejo de las más recientes tecnologías para la información y la comunicación no implica que cuenten con la conciencia y cultura democrática para emplearlas a favor de un cambio.
En un estudio que actualmente llevamos a cabo en la UAA, las evidencias muestran que los jóvenes son activos en cuanto a informarse a través de la red de los asuntos públicos, más que concretamente políticos, aunque hay varios que también muestran un interés muy crítico hacia ellos. Observamos que hay adscripciones y apoyo de los jóvenes a partidos y candidatos por seguir tradiciones familiares o de grupos de distinta naturaleza a los cuales pertenecen. Sin embargo, existe escaso diálogo o discusión de ideas entre jóvenes con posturas políticas distintas. Por otra parte, se da una mayor participación en la conformación de grupos que comparten intereses y preocupaciones comunes, no necesariamente políticas, que en muchas ocasiones trascienden lo local. Además de las estadísticas, que nos señalen los porcentajes de jóvenes que acudirán a votar en los próximos comicios, habrá que estar atentos a cómo orientan estas prácticas hacia un ejercicio político participativo y efectivo.  Por lo pronto, a pesar del negativo panorama, habrá que comprometernos como adultos a motivar su participación electoral el próximo 4 de julio. 
 

Y Televisa… ¿qué ha hecho por México?

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 Hace un par de días presencié una nueva propuesta del proyecto Iniciativa México, el cual se promueve con el logotipo IMx. Como telespectadora me tomó tiempo entender qué significaba semejante puesta en escena. Con el evidente liderazgo de Televisa, en un horario clave, se presentó un grupo importante de medios de comunicación en México y de varios personajes de la vida social y la academia respaldando la iniciativa. La propuesta se expresó a través de una selección de imágenes apoyadas con la música de fondo de Amazing Grace y silencios estratégicos, se mostró un diagnóstico de los sucesos violentos y los problemas más graves que vive el país. El clima emocional se establecía para después preguntarnos a los ciudadanos: ¿Y tú…qué has hecho por México?

Se explicó que ante la situación de México, la IMx lanza una convocatoria hacia personas u organizaciones para que envíen iniciativas de proyectos sociales que den soluciones a los principales problemas, en áreas como: calidad de vida, desarrollo comunitario, medio ambiente, justicia y derechos humanos y buen gobierno y rendición de cuentas. Se ha elegido un destacado jurado y habrá varias modalidades a través de las cuales, las audiencias podrán participar para elegir a los ganadores, quienes tendrán un apoyo financiero y cursos de capacitación para llevar a cabo estas tareas a favor de nuestro país. 
Iniciativa México es un proyecto que fue anunciado desde el doce de enero del presente año en el marco de las celebraciones del bicentenario de la independencia.  El proyecto dio lugar a las “Estrellas del Bicentenario”, que son producciones de corta duración en formato cinematográfico que promueven las bellezas naturales de los estados. Estas producciones han sido realizadas con base en el financiamiento de los propios gobiernos de los estados, de acuerdo a las nuevas modalidades de comercialización de la empresa. En sus géneros de ficción y programas de revista no sólo se promueven productos y servicios, sino incluso ahora la promoción e imagen de los gobiernos e incluso partidos. El proyecto Orbitel, que consiste en un observatorio que analiza sistemáticamente la ficción televisiva en Latinoamérica, ha reportado como en México, en las telenovelas se ha incrementado el contenido político, incluso promoviendo un candidato durante las elecciones del 2000. Una segunda propuesta, que aún no hemos visto los televidentes, es una miniserie sobre la historia de la independencia de trece capítulos. Con seguridad, como los anteriores proyectos, tendrá un fuerte componente de comercialización, envuelto en una propuesta social.
La trayectoria de Televisa y su relación con el poder es compleja y no exenta de cuestionamientos y polémica. La denuncia más fuerte ha sido su papel para impedir que México reforme la normatividad de la estructura de comunicación masiva y digital en términos democráticos, plurales, transparentes y participativos para insertarse con éxito en los flujos informativos mundiales. Ha empleado su poder a lo largo de varias décadas para ejercer un monopolio del espacio público mediático, mercantil, predominantemente privado y no ciudadanizado. La evidencia más clara han sido los conflictos en torno a las propuestas de reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión, las cuales debido a la orientación claramente favorable hacia los intereses de la empresa fue llamada “Ley Televisa”. A pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación logró anular algunos de los aspectos centrales e incluso inconstitucionales, se reconoce que prevalece una gran influencia de este poder fáctico en los poderes legislativos y ejecutivos. 
Los ciudadanos, no son respetados en los procesos y el ejercicio de las prácticas de comunicación, a pesar de ser los sujetos y actores fundamentales de la democracia. Lamentablemente prevalece el autoritarismo, la exclusión, la intolerancia a la crítica y una falta de respeto a la pluralidad. La ciudadanía es percibida principalmente como simples consumidores o clientes potenciales desde la lógica empresarial de estos medios. Su derecho a recibir información plural, desde distintas fuentes de opinión no es respetada y menos aún existe una preocupación por insertar en los medios comerciales las distintas voces que integran la sociedad civil. Lo que presenciamos son campañas de imagen envueltas en propósitos de interés social que no dejan de lado las posibilidades de lucro y de complicidad con los actores políticos. La historia de Televisa ha demostrado su habilidad para situarse y negociar frente al poder en México, varias de sus propuestas sociales han surgido en momentos clave, como lo fue durante la época del gobierno de  Echeverría para negociar y evitar la idea de la expropiación de los medios. Logró optimizar a su favor la alternancia del poder y actualmente avanzar en la consolidación de su monopolio, con un  lugar privilegiado para la licitación de la fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad. Televisa se ha presentado, junto con Teléfonica y Megacable como el único postor y un rival insuperable para obtener la concesión para veinte años con posibilidades de prórroga.
Hace ya tiempo, que se han desechado las propuestas de extrema izquierda y se reconoce como indispensable la participación de la inversión privada en los procesos de comunicación masiva y digital; sin embargo lo que se denuncia es su excesiva concentración, en detrimento de los propios principios de competencia entre empresas y en detrimento de otros medios de servicio público del Estado, universitarios o comunitarios. Incluso, en países con una fuerte tradición neoliberal, como Estados Unidos, su normativa promueve el equilibrio de poder entre empresas de medios. La concentración del poder mediático, ha mostrado como inevitablemente se vincula con el poder político, impidiendo la posibilidad de sanos equilibrios. El ideal de una esfera pública mediática con contrapesos e incluyente se vuelve lejana. Por esta razón, no me parece que Televisa tenga la autoridad moral para preguntarnos qué hemos hecho por nuestro país. 
 

Ciudadanía e internet

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 En plena época de campañas electorales los ciudadanos nos vemos interpelados por la publicidad política en diversas modalidades. La más evidente es la que invade nuestra ciudad, en espectaculares, bardas, carteles y a través de jóvenes que ondean banderas y reparten volantes en los cruceros. En los medios electrónicos presenciamos igualmente un gran despliegue y a nuestros hogares nos hacen llamadas telefónicas. Particularmente, esta manera de hacerse presentes me parece la más molesta, porque no tenemos tregua de las campañas ni en nuestro espacio privado y horas de descanso. Sin embargo, quisiera llamar la atención hacia el papel de internet en la ciudadanía.

En México, es indispensable al abordar internet, precisar que sigue en un contexto de graves desigualdades en el acceso a pesar de que los registros de usuarios siguen incrementándose aceleradamente de acuerdo a las estadísticas del AMIPCI e INEGI. Se contabilizaron, en el 2009, 30.6 millones de internautas en comparación con un 1.2 en el 1998; sin embargo, el 63% de los hogares no cuentan con una computadora y menos con internet. Por ello, hablar del impacto de internet en la naturaleza de la ciudadanía contemporánea es un tema que debe tratarse con prudencia. Más bien podríamos hablar de una situación que emerge, considerando que la mayoría de los ciudadanos no tienen los recursos para adquirir y acceder a esta infraestructura tecnológica y menos aun cuentan con la alfabetización para convertirse en usuarios. En lo que se ha llamado el déficit digital, el problema de los recursos para tener esta tecnología es sólo el inicio, también interviene el factor generacional, el cual implica que no se cuentan con algunas competencias previas para ser capaces de aprender con facilidad y de manera autodidacta  las lógicas de estas tecnologías.
Tradicionalmente, los medios de comunicación se visualizaban como los principales proveedores de información, en este caso como “medios” para transmitir las diversas propuestas políticas, expandiendo el alcance de la plaza pública presencial. El ideal que se propuso, a partir de las lógicas del periodismo, fue proveer a los ciudadanos con información de calidad y fundamentalmente diversa para cumplir con la función de nutrir a los ciudadanos para la formación de la opinión pública. Por otra parte, también los medios jugarían un papel clave en dar espacios a los ciudadanos para expresarse con respecto a distintos asuntos públicos, preferencias o intenciones de voto, sea en lo individual, a través de organizaciones o encuestas de opinión.
Internet ha intervenido en transformar significativamente esta lógica en el  manejo de la información. Fundamentalmente, la información ya no es recopilada y difundida sólo por organizaciones de medios, sean públicas o privadas. Ahora, los ciudadanos que tienen acceso a internet, no sólo se proveen de información, con un amplísimo margen para la selección, sino que también son capaces de generar información y situar su opinión, sin estar insertos en una organización mediática legitimada. Evidentemente, hay que señalar, contrario a las voces más optimistas, que esto no constituye una tarea con las mismas capacidades y poder que las instancias de medios formales. La diferencia estriba en que a través de internet se conforman comunidades de ciudadanos que se van agrupando en torno a distintas características en común. Las redes sociales en internet son potentes, porque permiten una mayor facilidad y alcance que el de las redes sociales presenciales en términos de poner en común o comunicarse. Sin embargo, en términos ciudadanos lo importante no es sólo  “agregarse”, “compartir”, o señalar que “nos gusta eso”, sino el que se traduzca hacia la organización, fortalecimiento y participación ciudadana. En este sentido hay un intenso potencial entre los jóvenes que arriban a la ciudadanía con estas habilidades y recursos, sin embargo, la posibilidad no implica que sea un hecho. 
A pesar de la brecha digital, parece gestarse un cambio generacional en la conformación de comunidades en red, las cuales se integran alrededor de una gran diversidad de asuntos. Los sentidos y los usos de los medios para proveerse de información se replantean, de ninguna manera desplazando a los que ahora llamamos tradicionales como la radio y la televisión. En México y ciudades como la nuestra, y en general en toda América Latina, de manera creciente existen diversas esferas públicas dispersas, alejándonos del ideal de una esfera pública en común en donde todos los ciudadanos participen y deliberen en igualdad de circunstancias. Hay que reconocer que las diferencias entre las competencias y el poder de comunicación entre ciudadanos son una brecha que con el acelerado avance tecnológico se convierte en un abismo. Coexisten ciudadanos que acceden a la información que desean y sitúan sus mensajes en la red desde cualquier lugar a través de sus teléfonos celulares; y a la vez hay quienes sólo tienen acceso a la información que les provee los informativos radiofónicos y la televisión abierta y nunca leen un diario. Esto implica, como ya mencionamos, que acceder a internet por sí sólo no fortalecerá a la ciudadanía, sino que el énfasis está en la calidad y la diversidad de la información que recibe. 
 

A los Maestros con Cariño

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 Durante esta semana de mayo se festeja a dos figuras centrales en la formación de la mayoría de los seres humanos, a las madres y a los maestros. En ambos casos, en nuestro contexto se sublima su papel, lo que parece contradictorio cuando en contraste analizamos a detalle las condiciones en las cuales realizan su trabajo y el valor que se les otorga en lo cotidiano. Habrá que matizar que son muy diversas las situaciones y la calidad con la cual se desempeñan. En el caso de los maestros, todos tuvimos maestros excelentes, mediocres y además algunos evidentemente malos. La docencia es una tarea difícil, en la cual se incrementan sus desafíos en el mundo de hoy, en donde los programas de estudio se ven siempre rebasados por la realidad. 

Precisamente quisiera compartir con ustedes algunas ideas sobre cuáles son los “saberes” que emergen como básicos e indispensables en el México contemporáneo, en contraste con saberes que se vuelven desechables y que en ocasiones son los mismos alumnos quienes los señalan como tales. Podría parecer riesgoso señalar cualquier saber como desechable, debido a que finalmente cualquier aprendizaje resulta útil en algún momento dado, sin embargo, existe el peligro del “currículum del tigre”. Esta idea la escuché de un gran maestro en mi vida, y se refiere a que en un clan, en una tierra lejana, a los niños y jóvenes se les enseñaba todo lo posible acerca del tigre, porque era un animal que asechaba a la comunidad. Era indispensable saber defenderse de su ataque y a la vez cazarlo. A lo largo de los años, los tigres se extinguieron en la región, pero en la escuela se continuó enseñando el currículum del tigre durante muchos años más.
Rossana Reguillo, una gran maestra, escribió sobre las agendas del país que presentan desafíos claves para la formación de comunicadores y en general para las prácticas en la comunicación pública. Sitúa grandes retos para las universidades en este sentido, pero creo que sus ideas son insumos importantes para todos los niveles educativos. Independientemente de las características de cada etapa escolar y de las edades de sus estudiantes, son aspectos que emergen y que los maestros no deben ignorar. Quizás no formen parte de los currículums, pero exigen nuevas competencias para vivir en la realidad actual de México.
El primer desafío se refiere a la banalización y espectacularización del riesgo. Todos recordamos cómo hace un año fuimos audiencias de una intensa crisis de información en torno a la influenza A/H1N1. Pareciera que a partir del evento de septiembre 11, en el 2001, y continuando con las narrativas apocalípticas hacia el 2012, se ha reforzado una tendencia hacia una comunicación del riesgo, la cual detona principalmente el miedo entre los ciudadanos. La respuesta desde la escuela, sería promover en lugar del miedo, una capacidad reflexiva y crítica frente a los mensajes. Es necesario optimizar las habilidades de los jóvenes frente a los medios y en las nuevas tecnologías de comunicación e información para ser más selectivos y activos en la búsqueda de contenidos. Se ha señalado que el cambio en el horizonte mediático no está en los mismos medios, sino en sus propias audiencias, en la medida en que a través de sus preferencias demanden narrativas de mayor calidad ante los acontecimientos. 
Esta autora, plantea a la exterioridad como coartada como un segundo desafío. Se refiere a que habrá que incorporar en la educación diaria los acontecimientos que irrumpen como una realidad viva y actuante, en lugar de replegarse dentro de sí misma. En México el narcotráfico se ha convertido en la epidemia más grave de todas, con mayores consecuencias de las que somos realmente capaces de ver. Ha generado una desconfianza creciente hacia las instituciones y la capacidad de los gobiernos para asumir su responsabilidad de garantizar seguridad para los ciudadanos. Existe cada vez más una mayor distancia entre las grandes “escenificaciones” políticas y la capacidad de responder a los requerimientos básicos que se le hace a un gobierno. Ante esto, se demanda un nuevo currículum para formar a los ciudadanos, no sólo para participar y exigir, sino también para proponerse, con mejores bases, como futuros gobernantes. El vacío que crecientemente se ha abierto entre la institucionalidad y la legalidad, y el poder del narcotráfico, construye un ámbito en paralelo, en donde surgen signos alarmantes de aceptación de otros caminos, como la corrupción y la delincuencia para sobrevivir y lograr el éxito entre los jóvenes.
El tercer desafío es el educar para vivir en la inestabilidad y la contingencia. Lamentablemente, las nuevas generaciones se han visto desposeídas de las certezas y seguridades de las cuales gozamos los que ahora somos adultos. La escasez de empleo, la inestabilidad laboral y las permanentes crisis en varios ámbitos, en lo político, religioso y ecológico, entre otras, plantean retos a la educación. Los mismos jóvenes comienzan a generar estrategias y habilidades que les permitan adaptarse rápidamente a nuevas situaciones y lamentablemente se visualizan como migrantes permanentes hacia otras lógicas y espacios que los que se han institucionalizado por las generaciones pasadas.
Confieso que estos desafíos me generan más inquietudes que respuestas. Un buen comienzo es situar y discutir estos temas críticamente con nuestros alumnos. Incluyéndolos como contenidos, en nuestro quehacer docente aunque no estén formalmente señalados en nuestros programas de estudio. Recordando a varios de los grandes maestros que tuve la fortuna de tener, todos incorporaron la discusión sobre los problemas que emergían, sin dar respuestas, sino estimulando la necesidad de reconocerlos y posicionarnos frente a ellos de acuerdo a nuestras propias decisiones. En este día del maestro, mis recuerdos y cariño a todos ellos. 
 

¿De quiénes son las calles de Los Ángeles?

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 Hace cuatro años las calles de Los Ángeles se llenaron principalmente de hispanos que se manifestaron en contra de las injusticias que implicaba la propuesta de ley HR 3447. Las estadísticas señalan que fueron alrededor de dos millones de manifestantes en varias ciudades norteamericanas los que se expresaron en abril y mayo del 2006. Entre estas ciudades se encontraba Phoenix, Arizona; protagonista ahora de la más reciente propuesta de ley, la SB1070,  que surge de la tendencia extrema y radical estadounidense frente a los inmigrantes. Nuevamente se pone en discusión una perspectiva de patriotismo que señala a lo ajeno como una amenaza a la seguridad de la nación más poderosa. A partir de los acontecimientos del once de septiembre del 2001, se empleó esta postura para recuperar una popularidad perdida por el entonces presidente George Bush y ahora se señala como una estrategia de posicionamiento político de Jan Brewer, quien enfrenta fuertes rivales políticos.

Actualmente, como entonces, las protestas integran no sólo a inmigrantes y sus descendientes, sino además a ciudadanos norteamericanos en varias ciudades. Estos casos ponen en relieve cómo entender la ciudadanía de los Estados-naciones en una época de “modernidad reflexiva”.  Para el sociológo, Ulrich Beck, este término se refiere a pensar en las consecuencias y efectos colaterales que han generado la intensa industrialización, la acumulación de la riqueza y la ambición imperialista. Estas dinámicas se vuelcan sobre sí mismas generando cuestionamientos y confrontaciones, no sólo de otros países, sino en la misma nación, principalmente por a quienes se excluye. Las lógicas que plantearon el camino del progreso para las sociedades modernas se agotan y ahora sus contradicciones se acumulan y se vuelcan sobre sí mismas. Estados Unidos es un ejemplo de la exaltación de lo propio, al mismo tiempo que sus procesos neoliberales se aprovechan de las desigualdades. Los intereses de mercado que en el discurso se integraron a los valores nacionales como the american way of life, y la tierra de las oportunidades condujeron a la inmigración, la cual ahora paradójicamente es vista como una confrontación a su soberanía por los norteamericanos más radicales. 
Se ha mostrado cómo resultan inevitables los flujos migratorios hacia los lugares en donde se encuentra trabajo y mejores condiciones de vida, no solo en el caso de Estados Unidos, sino en otros puntos del mundo, como en Europa y Asia. El reforzamiento y militarización de las fronteras no se vuelve una solución, existen varias voces que señalan que se debe redefinir el rumbo, la modernización, la política, e incluso la comprensión de las diferencias entre culturas. Por una parte es imprescindible que los gobiernos comprendan que las economías no se pueden actualmente cercar en fronteras nacionales, las interconexiones globales se han vuelto una dinámica que se intensifica. Resulta una miopía señalar que las soluciones al tema de la inmigración hacia los Estados Unidos por mexicanos y centroamericanos es un asunto interno o doméstico, como lo planteó en un momento Bush. Constituye una problemática, como otras, como el caso del narcotráfico, que tienen corresponsabilidades compartidas por más de una nación. Por otra parte, implica hacer a un lado varios prejuicios y suposiciones y analizar con datos más finos la complejidad y la pluralidad en el tema de la inmigración. Un estudio llevado a cabo por el Centro de Estudios Continuos de Palo Alto, California; informó que la inmigración resulta en un efecto positivo para la economía de California, tanto por la fuerza de trabajo, como por el consumo que realizan los inmigrantes.
Recientemente visité algunas ciudades del sur de California y como podrá ser el caso de varios de nosotros, no sólo tenemos amigos y familiares que han formado su hogar ahí, sino que en prácticamente todos los sectores nos encontramos con paisanos. Un mesero, que nos atendió en un restaurante, identificó que éramos de Aguascalientes e inmediatamente con nostalgia nos empezó a preguntar por su tierra. Era de Peñuelas y nos explicó que no podía visitarla con más frecuencia debido a su situación como inmigrante ilegal. Como varios connacionales se ve confrontado entre la necesidad de proveer una mejor calidad de vida para los suyos y el estar con ellos. Estos casos nos hacen pensar en dónde reside la legitimidad de habitar un lugar y del derecho de transitar entre lugares. Existe una legitimidad histórica que queda clara en el origen hispano en el nombre de varias ciudades del sur de Estados Unidos, y por otra parte una legitimidad que surge por el trabajo y el esfuerzo cotidiano que se ejerce en ellas. No podemos estar en contra de una legislación que regule y organice las inmigraciones, pero de ninguna manera puede tratarse como un acto discriminatorio e ilegal, y como se ha propuesto, como un acto criminal. Las calles de Los Ángeles, y de varias ciudades norteamericanas, se han vuelto hispanas no sólo durante las intensas marchas y protestas que hemos presenciado en el pasado y que se anuncian para el próximo primero de mayo; sino que son hispanas en otros sentidos fincados en la historia y en el trabajo arduo de quienes les dan vida. 
 


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