La Jornada Aguascalientes

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José Luis Gutiérrez Lozano


Las Cifras de un País Rico

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 Hace un año, durante la entrega del informe “México 2006-2012 Creando las bases para el crecimiento equitativo”, el director del Banco Mundial para México confirmó que no se había registrado “ningún progreso en México en los últimos 15 años”. Desde entonces se advertía que la deuda era la limitante para el desarrollo del país. Al ya de por sí elevado costo de la deuda pública, tanto externa como interna, se aúnan los “Pidiregas”, mecanismo de deuda tramposo para crear la infraestructura energética, pagadero en sexenios posteriores, evitando así rebasar los topes establecidos por el Congreso. 

El endeudamiento del sector público federal en el mercado interno llegó en junio a 3 billones 658 mil 905 millones de pesos, cantidad que equivale a 30 por ciento del total de bienes y servicios producidos por la economía mexicana en un año. La deuda interna oficial cuesta al gobierno –nos cuesta- en intereses aproximadamente 180 mil millones al año. 
Otra deuda, la externa del gobierno federal, de acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, se situó en abril pasado, en 47 mil 296 millones de dólares, sobre los cuales también pagamos intereses cada año. 
Una parte de la deuda interna gubernamental proviene de la colocación en el mercado local títulos de deuda (CETES, Bondes, etc.). Esto significa que el sector público es un competidor desigual por fondos disponibles frente a empresas y personas. Otra parte de la deuda proviene de haber absorbido la deuda de las empresas constructoras del programa carretero en 1997 y el enorme desfalco del FOBAPROA en el año 1998. Además del costo de los intereses que se pagan con nuestros impuestos, en la medida que el sector público absorbe para su deuda recursos de la economía, hay menos recursos para personas y empresas. 
Para efectos comparativos, en el año 2000 por concepto de “deuda pública” cada mexicano debía $23,700. Hoy cada persona que vive en el país, adulto o niño, tiene una carga de $39,500. Sólo por los abusos del Fobaproa, el Pemexgate y el rescate carretero nos han endilgado la mitad de la cantidad anterior. Desde el inicio de la actual administración, en diciembre de 2006 a la fecha, el gobierno ha aumentado su deuda con cargo a nosotros 892 millones de pesos diariamente. Adicionalmente nos está pasando la factura de nueva deuda por 378 millones diarios mediante el tramposo mecanismo Pidiregas. 
Si la deuda pública total no aumentara, por lo que se debe hasta hoy, durante los próximos 20 años cada mexicano pagará, entre Pidiregas, intereses y amortización de la deuda, $83,400; cada familia de 5 personas, $417,148. Cada familia tendrá que pagar en 20 años el equivalente de una casa que no va a poder usar, ni a disfrutar bienes e infraestructura pública que se hubiera podido crear con ello. 
¿Cuándo podremos comenzar a ver recuperación económica?, a este paso, nunca. 
Y no porque no tengamos la capacidad o los recursos para ello. Las malas administraciones públicas, los intereses de grupos enquistados en los partidos negociaron la asunción de deudas extrayendo a todos nuestra capacidad de compra. Si no compramos, las empresas no venden. Cada vez hay menos empresas mexicanas capaces de ofrecer empleo. 
Se nos cargó la deuda bancaria mediante acuerdos cupulares entre dirigentes de partidos, al margen de sus militantes e ideologías. Asumieron a nuestro cargo deuda de las constructoras que mediante engaño construyeron autovías no rentables. Nos han obligado a pagar, en contubernio entre gobierno y grupos parlamentarios, adeudos por quebrantos y malos manejos de las entidades públicas centralizadas y paraestatales. 
Y esto es sólo la deuda nacional. Faltan las deudas de cada estado, que también pagamos y que se incrementan, como sucedió la semana pasada en Aguascalientes al asumir como pérdida con cargo a nosotros los 1200 millones de irregularidades presupuestales. 
Las lacras, los malos gobernantes y los que, asumiendo dirigencias de partidos negocian, pactan y se reparten las ganancias, siguen impunes. Mientras la población observa inerme los más de 24 mil muertos en la guerra contra el narco que van en lo que lleva Calderón; intenta recuperarse de la pérdida patrimonial de la crisis hipotecaria del 95; sufre por el secuestro de un familiar, la extorsión en su pequeño negocio. La falta de dinero, genera miles de niños robados para laborar en trabajos forzados, por tráfico sexual y pornografía. Y el coraje se acendra con los salarios de gente inepta que del erario cobra sin ganárselo mientras crece el desempleo. 
Hacer conciencia de lo anterior es el primer paso para comenzar a mejorar nuestras condiciones de vida. Vernos unidos -sin la falsa división partidista-, con propósito común, el necesario paso siguiente. 
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PD. Captores del “Jefe Diego”, negociador del Fobaproa entre otros, piden 30 millones de dólares de rescate; en coperacha nos tocaría a 3.60 pesos por persona. 
 

Opacidad oficial anuncia oscuro futuro

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 La semana pasada desde España, en el encuentro empresarial, “Perspectivas y oportunidades en la relación económica México-España”, el titular del ejecutivo mexicano consideró 2010 “claramente” un año de recuperación económica en México. En casi todos los medios noticiosos se repitió el boletín oficial: “El presidente mexicano Felipe Calderón dio a conocer que en el primer semestre del año se han creado más de medio millón de empleos, con lo que se ha superado la meta trazada para este año y representa un logro histórico. (…) del 1 de enero a la fecha «hemos creado más de 513,000 nuevos empleos netos, y en estos ya están consideradas las bajas al IMSS por renuncia o liquidación, entre otras. (…) resaltó que ello muestra que México está haciendo su tarea y la economía registra signos claros de recuperación. ¿Se estaría refiriendo al México de algún universo paralelo? 

Lo de la recuperación económica, se ha dicho, tiene varios claroscuros. Sin embargo, con la amañada flexibilización de cifras y conceptos que se manejan en los discursos, tiene más oscuros que claros. La exultante algarabía presidencial por “logros” en materia económica, hace que se levante más de una ceja. 
Los servicios de comunicación de la presidencia opacaron así la publicación del estudio «Panorama de empleo 2010» de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que se dio también la semana pasada. En dicho estudio, se indica que el nivel de desempleo en México en 2010, se incrementó hasta en 50 por ciento respecto a 2007. La institución internacional concluye que, “la recuperación económica de 2010 no será aún suficiente para eliminar los problemas de empleo.” 
Parece que al presidente le pasaron cifras equivocadas, o su brújula y barómetro están midiendo condiciones en alguna otra dimensión. Apegándonos a lo que reporta trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al 4º trimestre de 2009, el 5.33% de la Población Económicamente Activa se hallaba desocupada. Esta es la cifra de “desempleo” que nos proporcionan y, la forma de cálculo sigue siendo la misma desde hace varios. La cantidad de personas ocupadas a esa fecha ascendió a 44 millones y medio de personas aproximadamente, los desocupados a dos y medio millones; de esta manera la PEA, entre ocupados y desocupados, ascendió a 47 millones en números cerrados. 
Según la misma ENOE, entre el 4º trimestre de 2009 y el 1º de 2010 la cantidad de personas ocupadas disminuyó en 950 mil, casi un millón. Aún no se publican las cifras para junio, pero si para finales del mes pasado hubiese 513 mil personas empleadas adicionales con respecto a las que había a fines de 2009 como dice el presidente, significaría que en el segundo trimestre se habrían generado un millón y medio de empleos. Si así fuera, una institución tan seria como la OCDE ¡no habría perdido la oportunidad de mencionar en su estudio tan maravilloso resultado! Si así fuera, el presidente habría anunciado la creación de millón y medio de empleos en tres meses; resulta más impactante que anunciar medio millón de empleos en seis meses. 
El hecho es que, como podrá confirmarse en unos días más cuando se de a conocer la ENOE al 2º trimestre de 2010, no hay millón y medio más de ocupados ahora respecto a finales del 2009, ni siquiera medio millón más. Se está jugando con cifras y conceptos distintos. El llamado índice de desempleo en realidad se refiere al porcentaje de desocupación. No toda persona ocupada se encuentra empleada. Hay personas auto-ocupadas, personas ocupadas en actividades no remuneradas y ocupadas en la economía informal. 
Si el sector consentido de la política económica oficial, el de las empresas trasnacionales y los monopolios nacionales, realmente hubiese generado el medio millón de empleos en seis meses, se estaría confirmando la principal crítica al sistema capitalista depredador: los cada vez más bajos salarios, la automatización, la concentración de recursos entre pocos productores y la toma de decisiones con base en intereses particulares que afectan a las mayorías, cancelan oportunidades en otras actividades económicas. 
Y así parece haber sucedido. Según la propia ENOE, en los tres primeros meses del año, 1.2 millones de personas pasaron al rubro llamado “población no disponible”. En esta clasificación de no disponibilidad se considera a la población que deja su calidad de “económicamente activa” a cambio de estar en total ocio, o dedicarse a algo que no puede ser medido ni cuantificado directamente, como la delincuencia, el narcotráfico y la emigración -fuga- del país. Por cada persona que según el presidente obtuvo empleo, casi tres pasaron a la precariedad. 
Cuando la autoridad manipula burdamente la información, es síntoma de que el colapso económico y social está a la vuelta de la esquina. 
  
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Hacia el 2012, evolución o involución

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 Una sociedad viable y con capacidad evolutiva, manifiesta seguridad, sustentabilidad e identidad. Para cuando aparezca publicado este artículo se conocerán ya los resultados de las elecciones del domingo 4 de julio de 2010 en 12 estados de la República. Seguramente ya se habrá confirmado que los resultados de esta jornada han sido producto de una elección de estructuras partidistas; con cada vez menos participación de la sociedad. 

Lo anterior deja de ser una mera anécdota periodística cuando nos damos cuenta que la política ha perdido en México su principal objetivo: el darnos seguridad. Junio ha sido el mes más violento de la historia moderna, 1,200 muertos relacionados con el crimen. Entre éstos, 105 personas comunes muertas en fuego cruzado. El país ha dejado que una cantidad mayor de personas se planteen la disyuntiva: “muero de hambre o entro a la delincuencia”. 78 millones de personas viven con un presupuesto inferior al límite básico de sobrevivencia. Aún hay políticos que ofrecen crear un millón de empleos, cuando el país ya demanda año con año más de millón y medio de plazas anuales sólo para los jóvenes que se integran al monstruo come-personas que se llama planta productiva. Quedan además otros 8 millones de personas, entre desocupados y disponibles, esperando su oportunidad. La economía pues, también ha dejado de cumplir su finalidad para con la sociedad: la sustentabilidad. 
Seguimos viendo a los partidos producir mayoritariamente políticos que piensan sólo en la próxima elección, cuando necesitamos estadistas que piensen en la próxima generación. Las luchas entre los modernos caciques, los administradores de las estructuras partidistas distraen a la sociedad de la verdadera manipulación general ejercida por los grandes intereses grupales de orden nacional –ajenos al interés público-, sujetos al dominio de los monopolios globales. 
Los grupos de interés rebasan la ideología partidista; se valen de los partidos. No importando el color, con el cebo de la permanencia viviendo del presupuesto, inducen a los políticos a defender sus intereses y promover sus metas. Así, vemos políticos introduciendo en sus programas nacionales y locales la agenda del G-20, el Club de Roma, el Foro Económico Mundial, el plan de rescate de los bancos y programas de control poblacional. La lógica del mercado globalizado con las reglas que fija el capital, ha forzado a los conductores de las políticas públicas a impulsar la productividad económica mediante la reducción del empleo: más producto, menos pago por el trabajo humano. La industria cultural metida a fuerza de la omnipresencia en el cine, la televisión, pero también en programas y políticas públicas como planes de estudio en escuelas y universidades ha hecho lo suyo: desenraizar la cultura, secuestrando nuestra identidad. 
La elección de este domingo nos deja mucho para reflexionar. Nos deja políticos reciclados en nuevos puestos, pero también –buscando encontrarás- nuevos políticos que, escuchando a la sociedad pueden crecer como estadistas. La evidente pérdida de los tres elementos básicos para la viabilidad y evolución social -la seguridad, la sustentabilidad y la identidad- constituyen un enorme riesgo para México, pero también la oportunidad que representa, como a los enfermos de adicciones, el tocar fondo. 
Es el sistema, en su conjunto, el que ya no funciona. Es un sistema, que sirve a minorías. Son pocos los grupos políticos que mueven piezas, tanto a lo interno de un partido como de otro. Los pocos monopolios económicos nacionales, alineados con los internacionales, que dirigen y compran voluntades. Y los pocos dueños de las conciencias, los gustos, las preferencias, las modas, las ideas preponderantes, las filias, las fobias, los odios y las pasiones. Sin embargo estas pocas personas y grupos, por ley natural y generacional, tendrán que dejar pasar a nuevos líderes. 
Con la elección de este domingo, se presentó la oportunidad de renovar la clase política. Habrá quienes podrían apoyar el cambio de rumbo y quienes mantendrían el dominio secuestrando la política, la economía y la cultura. “Por sus frutos los conocerás”, se ha dicho. Ante la falta de arraigo cultural e identidad que han propiciado sus políticas, son quienes incitan a la violencia y odios entre quienes se visten de distinto color, tanto en contiendas electorales como deportivas. Son los que privatizan a su favor la riqueza y el presupuesto público. 
El espejismo dominante del capitalismo salvaje y deshumanizador, controla dividiendo. Quienes enjaretan al pueblo el costo de los errores bancarios o envenenan con alimentos adulterados y medios de comunicación viciados. Distraen, confunden, y se fortalecen con las pugnas entre partidos. 
No por haber llegado de color rojo, azul, verde, naranja o amarillo, quienes fueron electos serán mejor o peor. Lo relevante, hacia el 2012 y ante la dramática inviabilidad social, es distinguir a qué interés sirven: a la minoría dominadora o a la mayoría por emancipar. 
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Mejoría financiera, empobrecimiento real

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 Al volar un avión, el piloto debe siempre estar atento a varios instrumentos que sirven de indicadores de las variables que son cruciales para evaluar y determinar su desempeño. Así, por ejemplo, al conocer la velocidad relativa del viento, la velocidad real, la dirección, el horizonte, la altitud sobre el nivel del mar, la altitud sobre tierra, etc., el piloto sabe hacia dónde va, o en dónde está y si está en condiciones de realizar un buen vuelo. Un mal piloto, por ejemplo es el que se concentra en una sola variable, por ejemplo, lograr una buena velocidad. Al informar al pasaje dicho logro, es posible que simultáneamente el indicador del horizonte marque que el aparato va en picada. A veces eso pasa con quienes “pilotean” el aparato gubernamental.

Recientemente hemos recibido noticias que parecen positivas. Informan que las reservas internacionales de México, al 18 de junio, llegaron a 100,096 millones de dólares.  Paralelamente, varios noticiarios económicos festejaron la “fortaleza del peso” al bajar las cotizaciones en nuestra divisa frente al Dólar y al Euro. Y por si esto fuera poco, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) informó  que el crédito al consumo otorgado por la banca comercial registró en mayo un incremento por segundo mes consecutivo, 0.1%, como si esto fuera preámbulo de una recuperación económica.
También se resalta que, con la información oportuna de comercio exterior del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la balanza comercial mostró en mayo de 2010 un superávit de 179 millones de dólares, acumulando así 653 millones en lo que va del año.
Tales noticias llenan espacios noticiosos, distraen, entretienen. Al dar a conocer estos indicadores financieros sin correlacionarlos con indicadores de la economía real, se crea una cortina de humo que impide evidenciar que las condiciones de vida siguen empeorando. Los resultados publicados se refieren sólo a variables virtuales, asientos electrónicos, que benefician a los dueños del dinero. Hemos sido encantados por la ilusión monetaria que en realidad tiene un impacto  negativo sobre la mayoría, quienes poseemos los valores reales como el trabajo, la tierra, los alimentos. Nuestras condiciones no son mejores mientras estemos condicionados a anhelar la posesión del dinero, que nos es ajeno.
Así, la enorme cantidad de reservas internacionales, en realidad en nada nos beneficia. El Banco de México, implementó un sistema de cobertura de riesgos ante la fluctuación del precio del petróleo, con el fin de aumentar, mediante un procedimiento contable, sus saldos en dólares. Es algo así como las depreciaciones de activos fijos en las empresas: se refleja en el balance pero no es dinero disponible. Sirve para presentar condiciones favorables ante quienes prestan dinero. La acumulación de reservas, pues, no resulta de mejores prácticas comerciales ni representa mayor riqueza para quienes vivimos en México.
En cuanto al superávit de la balanza comercial, éste resulta principalmente de operaciones inter compañías que realizan en su mayoría empresas internacionales radicadas en México con sus filiales en el extranjero. No se trata de exportaciones que agreguen valor a la producción nacional.
El abaratamiento del Dólar y el Euro no redunda en un beneficio neto para los mexicanos. Ahora importamos lo que  consumimos, ya no lo producimos. Entre otras cosas, por esto hemos perdido la soberanía alimentaria.
Finalmente, el desempeño positivo del crédito al consumo, implica que seguimos pidiendo prestado para vivir, mientras el saldo de la cartera vencida de créditos al consumo sigue en ascenso.
Resulta difícil para el común de la gente ver la contradicción ente el aparente bienestar del sector financiero que provoca deterioro en la economía real. Pero las cifras del empleo lo hacen evidente. Según reporta el INEGI, el desempleo en México en mayo ascendió al 5.13% de la Población Económicamente Activa (PEA). La cifra parece baja, hay empleo, pero cada vez peor pagado y la mayoría de los desocupados, son personas con estudios superiores. La población subempleada, la que tiene necesidad y disponibilidad para ofertar más horas de trabajo pero no encuentra quien le pague por ello, sigue en ascenso. Éstos más los desempleados, ya suman unos siete millones de personas. Según la Asociación Mexicana de Empresas de Capital Humano (AMECH), en México hay alrededor de 680 mil personas empleadas bajo el régimen de outsourcing de manera irregular; en cualquier momento pueden perder su empleo. 78 millones de personas viven con menos de 55 pesos diarios; 29 millones con menos de 18.
La ONU, reveló que el número de desempleados en el mundo alcanza su máximo nivel histórico, 211 millones, mientras la generación de puestos de trabajo está estancada desde hace más de una década. Mientras nos distraemos con las variables financieras, el futbol y absurdos pleitos entre partidos políticos, la descomposición del sistema económico preponderante, el que acumula divisas y destruye vida, va en picada y no tarda en estrellarse. 

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El Principio Potosí

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 Tal vez no quiso dejar a Saramago cruzar solo el valle que nos separa. Monsi, el que a través de su fina crítica desnudó al México cotidianamente saqueado, desposeído, nos hará mucha falta.

En julio del 88 lo vi, absorto leyendo (claro, leía en promedio 400 o 500 libros al año), solo frente a su café en la Avenida Insurgentes Sur del DF. De repente irrumpió por la avenida la ruidosa multitud que seguía al Maquío, “Sembrador de la Democracia” en uno de sus últimos actos de campaña presidencial. El ruido le hizo levantarse lentamente, con lo que entré en su campo visual abriéndome la ventana de oportunidad para acercarme a él. Sin darme la oportunidad de decir alguna estupidez, al verme exclamó “¡son un chingo…!”. Quedaba claro que a él también le impresionaba la enorme cantidad de gente que, impulsada por el repudio al viejo sistema que encarnaba el ex dirigente de la cúpula empresarial, demandaba un cambio. “¿Y eso es bueno o malo?”, le pregunté. “Depende”, dijo, “depende del tipo de cambio que se esté pensando realizar. Un cambio desde la cúpula, sin la participación de la gente, vale madres. Por eso es importante que tanta gente esté ahora aquí.”
La conversación no fue más allá, pero la reflexión, a la luz de lo que ha pasado en las más de dos décadas que han transcurrido, hoy nos permite apreciar lo que él preveía. La preocupación que no trascendió fue la de que se realizara el cambio sólo para asegurar la capacidad de acumulación originaria que los poderes fácticos, tanto de fuera como de adentro, realizan históricamente en detrimento de la población: el principio Potosí.
Al descubrir los conquistadores españoles la riqueza de plata que yacía bajo el cerro que los inkas, en la actual Bolivia, nombraban “poto-shí” se inició la más famosa de las crueles y voraces explotaciones de tierras e indios que la historia del continente americano recuerda. Tan notable y cuantiosa fue la explotación de metales preciosos que a partir de ese lugar de beneficio de plata se nombraron los subsecuentes sitios que se consideraron altamente valiosos para el explotador.
La conquista de América marca una importante fase que reproduce paso a paso el sistema de sojuzgamiento cultural, económico y político que los poderes fácticos de diversas épocas han aplicado. Así como el temor inducido por la religión del conquistador impuesto al pueblo sometido, con historias e imágenes de terror y tortura para los infieles, el temor que el sistema neoliberal induce a través de lo que Naomi Klein denomina la “teoría del shock” se repite hoy en día.
El hambre, el desempleo, la devastación ambiental, la discriminación racial, cultural y económica, son fenómenos que vivimos como si fueran una fatalidad inmutable y no una consecuencia del sistema que se nos ha impuesto tratándonos de convencer de que no hay otra alternativa.
La política del miedo es deliberada. Es, según Frank Furedi (n. Hungría, 1947, profesor de la Universidad de Kent), un proyecto manipulador que intenta inmovilizar la inconformidad pública.
Los métodos de la terapia del shock fueron aplicados por primera vez desde la conquista, siguiendo por las dictaduras (y “dictablanda del PRI”) de América. El terror y el ajuste estructural, la parálisis de la resistencia contra la política asocial a través del miedo, son parte hasta hoy del programa neoliberal.
El programa, el método prevalece, no importando quién esté a cargo del gobierno. Sólo que garantice, como el cacique de Caquiaviri garantizaba a los conquistadores, la explotación del Potosí y sus habitantes.
El cambio, como nos advertía Carlos Monsivais, no garantiza. La oferta política de nuestros gobernantes, tampoco. No lo podrán hacer mientras no se visibilice, no se otorgue total transparencia, en el proceso de cambio de poderes políticos, de quién está detrás de éstos. 
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